—Ana, no piense mal de mí —solté de repente, sorprendiéndome a mí mismo por la necesidad de justificarme—. En realidad, no soy tan malo como todos creen. Aunque reconozco que soy un poco frío y distante, también tengo mi lado amable... cuando la situación lo amerita.
Ella se quedó estática un momento, procesando mis palabras.
—Lo entiendo —respondió con una voz que se me hizo increíblemente tierna, casi dulce, rompiendo por un segundo esa coraza de eficiencia que siempre llevaba puesta—. S