Capitulo 126

Fue un último esfuerzo sobrehumano, uno que me dejó la garganta ardiendo y la vista nublada de puntos negros. Sentí un desgarro, una presión insoportable y, de repente, un vacío absoluto. El silencio que siguió fue el más aterrador de mi vida. Tres segundos que duraron una eternidad.

‎Y entonces, el milagro.

‎Un llanto agudo, potente y furioso rompió la tensión de la sala. Era un grito de guerra. Mi madre solloz
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