Capitulo 127

‎Me dio un vuelco el corazón, pero esta vez el pulso no se aceleró por amor, sino por una revelación que me supo a gloria. Era una mezcla de alivio profundo y una pizca de justicia. Me imaginé a Rodrigo en su mansión, rodeado de mármoles fríos y lujos que no saben abrazar, habitando un vacío que ningún cheque podría llenar. Mientras tanto, yo estaba aquí, en una casa que respira, que huele a talco, a leche tibia y a ese salitre que se cuela por las ventanas; rodeada de la gente que me quiere si
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