Capitulo 123

Caminé por el vestíbulo de la empresa de Rodrigo sintiendo que cada paso pesaba una tonelada. El sobre con la ecografía quemaba dentro de mi bolso, un fuego sordo que me recordaba que mi vida ya no me pertenecía solo a mí. «Él te ama, merece saberlo», me repetía como un mantra, tratando de ignorar el impulso de mis piernas por dar media vuelta y huir.

Me detuve frente a los ascensores, apretando la correa del bolso hasta que me dolieron los dedos. Entonces, las puertas se abrie
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