Capitulo 122

Esa noche, el silencio de la cena era un invitado más, denso y asfixiante. Mi madre removía la sopa mecánicamente, con la mirada perdida en la cabecera de la mesa, donde la ausencia de mi padre dolía como una herida abierta. Bajo el mantel, Layla me dio un apretón rápido; su mano estaba fría, pero me transmitió el valor que a mí me faltaba.

—Mamá... tengo algo que decirte —solté. El sonido de mi propia voz pareció trizar el cristal de las copas.

Ella levantó la vista, asus
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