(Flashback, Alexandra)
El mundo se apagó con un golpe seco y el olor a rancio de una bolsa de arpillera. Lo siguiente que recuerdo es el frío del concreto atravesándome las rodillas y un dolor punzante en el cuero cabelludo que me obligó a arquear la espalda.
—Míranos, Alexandra. No cierres los ojos —me ordenó una voz distorsionada.
Sentí el primer impacto. Una bofetada tan fuerte que mi visión se llenó de chispas blancas y el sabor metálico de la sangre inundó mi boca de inmediato. No ha