La respiración de Dana cada vez es más apresurada mientras corre con destreza por su manada aunque sabe que ahí tampoco estará segura. Incluso aunque tenga aquella barriga de embarazo eso no le impide moverse con agilidad por el terreno rocoso.
—¡Vamos, más rápido! —chilló Zakia—. Dana, tenemos que separarnos. Tú conoces mejor tu tierra, escóndete donde no puedan encontrarte. Yo trataré de distraerlos.
—¡No! Zakia…
La hembra entorna los ojos e incluso en ese momento parece divertida por la preo