Dana siente la mirada de Alessandro poniéndola nerviosa mientras comen. Ella decide empezar a hablarle sumergiéndose en una conversación afable hasta que no puede soportarlo más y le pregunta.
—Alessandro, ¿Puedo contar con tu voto en la convocatoria de los ancianos?
Él limpia sus labios con una servilleta antes de responderle.
—¿Estás usándome, Dana?
Ella se mordisquea el labio inferior y él se ríe suavemente.
—Estoy bromeando. Esa ley ha traído solo desgracia a los lobos. Merece ser derogada.