Todos habían salido del comedor alejándose a distintos lugares de la casa de la manada. Dana se había desviado hasta el jardín en busca de un poco de aire fresco y fue entonces cuando escuchó las pesadas pisadas del macho detrás de ella.
Sus fosas nasales se expandieron captando aquel adictivo aromas que ocasionaba que su corazón diera un vuelco y que su celo aumentara.
Cada toque o roce se sentía como un castigo. Realmente quería dejar de sentirse de aquella manera pero cuando Kian estaba en s