Román había arrastrado a la loba hasta una habitación vacía interponiéndose en la puerta para no dejarla escapar.
Estaba haciendo un esfuerzo sobre humano para calmar sus celos y la rabia de que su hembra dijera aquellas palabras.
—¿Me dejaste para irte con ese hijo de puta, Clara? —su voz sonó letal al punto de que Clara sintió que el vello de su nuca se erizaba.
Estaba acostumbrada a lidiar con la constante coquetería de Román, pero este macho frente a ella no parecía ser el mismo al que siem