Antes de ir directamente a donde estaba Asling, Dana necesitaba aclarar el tema y que la sacerdotisa no estuviera jugando con su cabeza.
Cuando se encontró con Farrell apenas podía mantener su forma humana.
Sus orbes ya estaban rodeadas de color borgoña amenazante que el macho enseguida captó.
—Gobernante...
—No formalismos Farrell. ¿Dónde está tu hija?
Él parpadeó como si no entendiera de qué hablaba antes de preguntar.
—¿Mi hija? Yo... pensé que lo sabía, ella está escribiendo un libro sobre