Amarok apretó la mandíbula antes las ganas que tenía del alzar la mano para apartar los rizos que estaban sobre sus mejillas arreboladas.
—Tienes que deshacerte de mi maldición.
Devanie lo miró aturdida sin entender de qué demonios estaba hablando aquel macho.
—No lo entiendo. No soy una hechicera o sanadora, yo...
—Lo sé.
Él vio el puchero en sus labios rosas mientras fruncía el ceño aturdida.
—¿Entonces...?
Sabía que habían preguntas dándole vuelta a la cabeza, sabía que ella acabaría con s