—¡No! No quiero que me toques.
El Alfa se tensó y Dana no dudó en empujar su pecho, él se aparta y ella se baja de la encimera fulminándolo con la mirada.
—Soy yo quien no permitirá que me uses más Alfa Kian, Incluso aunque no aceptes mi rechazo.
—Dana...
Su gruñido fue una advertencia pero ella estaba demasiado molesta para escuchar.
Estaba dolida por lo que su compañero le hacía, harta de ser su juego personal.
—Dime una cosa Kian, ¿Por qué te aliaste con mi enemigo?
Veo como la mandíbula de