—Estamos muy felices de que los gobernantes de los cuatro reinos estén aquí apoyándonos —habló Asling llamando la atención de los demás hacia ellos.
La música empezó a sonar mientras que ahora todos ignoraban de nuevo a la torpe doncella quien temblorosa se había agachado para recoger los trozos de vidrio del suelo.
Una punzada profunda escocía el pecho de Dana mientras que aguantaba las ganas de llorar.
Duele, duele mucho.
Pero aunque lo hiciera debía comportarse. Brent le había dicho que act