Con cada paso que daba, Kian se sentía más lleno de determinación y furia.
Su lobo experimentó la necesidad de protección por sus cachorros y compañera mientras se dirigía al Norte pero cuando estaba a punto de cruzar una voz femenina lo llamó ocasionando que frunciera el ceño.
—¡Alfa Kian!
—¿Qué demonios quieres? —gruñó a la loba joven quien sonrió de inmediato.
Parecía como si lo conociera desde hace años y su temperamento explosivo no pudiera hacerla retroceder.
Hubiera admirado su atrevimi