Alessandro colgó el teléfono soltando un suspiro.
Acababa de convocar a la sacerdotisa pero se necesitaba una semana para preparar todo el ritual.
Él entró en la habitación donde había llevado a Zakia y la loba intentó golpearlo de sorpresa pero él previó su ataque y la arrojó a la cama con arrogancia mirándola con diversión fingida.
—¡Voy a matarte!
—Estás muy lejos de hacer eso, cachorra. Eres inexperta...
—¡Eres un hijo de puta! —gritó ella sentándose sobre la cama mientras que lo fulminaba