El macho empujó su lengua dentro de la cavidad bucal de la loba más joven y ella no dudó en seguir su ritmo con entusiasmo. Su cuerpo estaba guiándola.
El duro pecho de Amarok se aplastó contra el suyo como si quisiera fundirse con ella y volverse uno solo. Deva podía sentir perfectamente su dureza en su vientre.
Ya no podía ocultar por más tiempo la excitación entre sus muslos.
Los híbridos tenían un olfato perfecto y ella también sabía lo mucho que la deseaba.
Su boca la devoraba con una devo