—Tengo que irme, Kian.
Él la dejó marchar en silencio viendo fijamente su figura perderse en el interior de la casa.
Se sentía frustrado y molesto al mismo tiempo pero no de rendiría.
—¿Alfa Kian? Buenas noches.
Kian se giró a la voz que le hablaba y ella era una joven hermosa que lo miraba con ojos brillantes.
—Buenas noches —respondió el a regañadientes.
Estaba a punto de irse, sin embargo, la chica volvió a llamar su atención.
—Soy una especie de seguidora de sus batallas, mi padre siempre m