Devanie abrió los ojos y no podía ver absolutamente nada.
La habitación estaba sumida en tinieblas pero sus ojos captaron un movimiento que la hizo gemir asustada. Enseguida se sentó abruptamente sobre la cama cubriéndose con la frazada hasta la barbilla antes de escuchar una risa oscura que le erizó la piel.
—¿Piensas que una manta te protegerá de mí? Definitivamente eres una cachorra —preguntó aquella voz masculina emergiendo de la oscuridad.
Poco a poco sus ojos se adaptaron y entonces lo vi