Mundo ficciónIniciar sesiónMe quedo sin aliento mientras espero a que Antonio continúe, con el peso de sus palabras no dichas suspendido entre nosotros. A través de nuestro vínculo, siento la tormenta que se agita en su interior: un arrepentimiento tan agudo que corta, una determinación que quema y algo más profundo que me acelera el corazón.
Se acerca, tan cerca que puedo ver las motas doradas en sus ojos marrones. Su mano se acerca a mi mejilla, su pulgar recorre mi pómulo con inesperada delicadeza.
—Te amo —dice, y las palabras caen entre nosotros como piedras en agua quieta—. Te he amado desde aquella noche que pasamos juntos, quizá incluso antes. Era demasiado orgulloso, demasiado estúpido para admitirlo.
La confesión me golpea con fuerza. Siento la a







