La alarma rompe el silencio como cristal al quebrarse.
Salto de la cama antes de que suene la segunda, agarro mi camisa y me la pongo de un tirón mientras camino hacia la puerta. Mis sentidos feéricos ya están en alerta máxima, registrando cada sonido, cada cambio en el aire, cada latido que detecto a través de las paredes.
Algo anda mal.
Muy mal.
El pasillo es un caos: miembros de la manada salen de las habitaciones, voces confusas y alarmadas. Pero los ignoro a todos, siguiendo el olor a adre