Nicholas no pensaba.
No podía.
Su mente era un torbellino de sangre, de colmillos y de furia.
La transformación lo había devorado por completo y en su forma de lobo, solo quedaba el instinto más primitivo: destruir a cualquiera que osara interponerse entre él y lo que era suyo.
“Alexia… mi hembra. Tengo que traerla de vuelta. Nadie me la quitará. Nadie.”
Los machos de la manada de su hermano se lanzaban contra él con una rabia salvaje. Eran muchos, cuerpos enormes, colmillos afil