—¿Qué… qué me inyectaste? —susurró con voz rota intentando abrazarse el vientre—. ¿Qué le hiciste a mi bebé?
Julián no respondió, ambos miraron cuando Alexia cayó al suelo.
Samara hecha un desastre, con sangre en la boca y rasguños en el cuello, exclamó histérica.
—¡¿Por qué esa perra tiene tanta fuerza?! ¡¿Cómo es posible que casi me matara?!
—¡Cállate! —gruñó Julián—. Es la sangre Dupont, está en ella. Su linaje de cazadora despertó, maldita sea.
Alexia oyó cada palabra.
Apen