—No, claro que no —dije con mucha seguridad.
Aquello le agradó bastante a Alejandro y me dio un beso en la frente.
—Entonces… Rousse, ¿cómo quedamos ahora?
—¿Cómo quedamos…? —no quería volver a crear un malentendido con él.
Sin embargo, su rostro comenzó a tornarse serio.
—Rousse, yo no quiero seguir siendo tu amigo —aclaró—. No quiero seguir llevando ese título contigo, prefiero quedarme como hasta ahora si volveré a lo mismo.
Ahí estaba otra vez la ansiedad susurrándome al oído: “Tonta, te es