—No —confesé con miedo.
—¿Qué más sientes por mí? —alzó su mirada, volviendo a estar recto, se acercó un poco más a mí y comenzó a limpiar mis lágrimas con sus manos—. Por favor, necesito saberlo.
—Y-yo… Siento que… Dios… —aparté mi rostro de él y volteé la mirada para no verlo—. Alejandro, no me pongas en esta situación, por favor.
—Rousse, necesito saber qué sientes exactamente por mí, porque no puedo seguir así —con una mano en mi mentón hizo que volviera a verlo a los ojos—. Por favor, Rous