Mundo de ficçãoIniciar sessãoMe hice amigo de Rousse la primera vez que la llevé a ver las estrellas en el mirador sur de la ciudad. Ahí, frente al mar oscuro, acosté mi cabeza en sus piernas y fijamos nuestros ojos en el inmenso lienzo lleno de estrellas.
Le tomé confianza instantáneamente, me di cuenta que era una chica sumamente dulce, tímida y con un amor para dar que ni ella sabía que tenía. Esa timidez le daba un aura de ternura que comenzaba a fascinar







