107. Son abuelos... de nuevo
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Gabriel
Luego de desayunar en casa, salí con una pequeña sonrisa dibujada en los labios. Me sentía extrañamente bien. La calidez de la mañana y el eco de las risas durante el desayuno aún resonaban en mi mente mientras conducía hacia la casa de mi madre.
Al llegar, Louise, el mayordomo de la familia, salió a recibirme con su acostumbrada precisión.
—Amo Seraphiel, buen día —saludó con una leve inclinación de cabeza, siempre impecable en sus modales.
—Buenos días, Louise ¿Dónde están mis pad