125. No te atreverías
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Zaira caminaba de un lado a otro en la sala, abrazándose a sí misma mientras miraba el reloj por enésima vez. La noche parecía eterna, cada minuto que pasaba sin noticias de Gabriel la hacía sentir más ansiosa.
Intentó distraerse, pero sus pensamientos la traicionaban. ¿Y si algo salía mal? ¿Y si no regresaba?
Cuando escuchó el sonido de la puerta abriéndose, su corazón dio un vuelco.
—¡Gabriel! —exclamó, girándose de inmediato.
Antes de que él pudiera decir algo, Zaira corrió hacia él y se