XII. ¿Quién le pegó a mi hada pelirroja?
Ailsa se tocaba con incredulidad la cara donde la mujer la había golpeado con toda su fuerza e incluso le había herido el labio inferior.
- ¡Entonces, si tanto quieres pedir disculpas por los golpes de mi hijo, tendrás que pagármelos tú misma, o acaso tu cara es más importante que la de mi hijo y alégrate de que fue solo una bofetada, porque tengo ganas de destrozarte en el acto! - la amenazó la mujer
- Y la factura del hospital, por supuesto que va a llegarte, ponle un bozal a tu perro, si no