POV: Alma
Pensé que el peor silencio del día sería el de la sala del Consejo.
Me equivoqué.
El peor es este: el del ascensor del edificio de Alex, subiendo piso tras piso con el eco de todo lo que pudo salir mal golpeándome los huesos.
Alex no dice nada. No hace falta. Su mano descansa en la barra de metal, a pocos centímetros de la mía. Siento el calor, la electricidad, la promesa.
El ascensor se detiene. Último piso.
Las puertas se abren a un pasillo silencioso y una única puerta negra al fondo. Alex pasa su tarjeta, el lector pita suave y entramos.
Su departamento no es lo que esperaba. Más libros que muebles.
—Puedes dejar tus cosas donde quieras —dice—. No viene nadie más.
Pienso en todas las noches en que este lugar estuvo en silencio. Dejo la chaqueta en el sofá. Las manos me tiemblan.
—No puedo dejar de oír "medidas de reclusión" en mi cabeza —confieso—. Lo dijeron una vez, pero lo llevo repitiendo todo el día.
Alex se apoya en la barra de la cocina.
—No van a encerrarte —dice