POV: Mila
Si alguien me hubiera dicho que un día iba a entrar a Frederic por la puerta principal con credencial del Consejo, habría pensado dos cosas: uno, que por fin me ascendieron; dos, que algo salió muy mal.
El lobby está irreconocible. Siempre huele a café caro y perfume discreto; hoy huele a ansiedad, cámaras y gente que cobra caro por reunión. Hay vampiros disfrazados de abogados, alfas en traje, humanos demasiado bien vestidos como para no esconder nada. Y en medio de todo, Alma, con chaqueta negra, caminando como si no estuviera a punto de sentarse en la silla equivocada.
Yo voy medio paso detrás de ella y de Alex. Lo del “representante de Frederic” es casi chiste. El aire se aparta cuando él pasa, como si el edificio recordara quién manda aquí.
—¿Todavía estoy a tiempo de fingir un ataque de ansiedad y volver a mi cubículo? —le susurro a Alma.
—Si finges, te dan licencia sin goce de sueldo —murmura—. Mejor entremos y ya.
Lo dice con voz firme, pero le conozco el temblor en