POV: Alma
Lo primero no es Umbra. Es una alerta tonta en la esquina de la pantalla.
Una de las cuentas señuelo que usamos para monitorear ruido en redes marca una palabra nueva:
“Analista fantasma desenmascara patrón de Omegas reubicadas.”
Se me seca la boca.
Abro el link. Es un medio chico, de esos que viven de filtraciones: un par de gráficos, porcentajes de reubicación, menciones difusas a Sonata y a “proyectos reservados”. Los números no son exactamente mis tablas, pero se parecen demasiado.
No es coincidencia. Es nuestro paquete de datos mínimo, el que Alex y yo preparamos para soltar “a ciegas”.
Verlo ahí fuera es distinto a diseñarlo.
Cierro la nota y abro el panel de monitoreo de Umbra: búsquedas, términos, ruido. “Omegas”, “reubicadas”, “Frederic”, “Sonata”. En menos de cinco minutos aparece un nuevo cluster: “analista fantasma”.
La piel se me eriza.
Alex entra sin hacer ruido. Aun así, lo huelo antes: bosque, metal, whisky viejo.
—¿Qué pasó? —pregunta, apenas me ve.
Le giro