POV: Mila
En Frederic el café corre más que la sangre. Hoy llevo tres y todavía no es mediodía.
—Te va a dar taquicardia —me dice una compañera.
Ya me la dio la fundación, pero gracias, pienso, y sonrío educada.
Tengo la bandeja de entrada llena, dos scripts corriendo y un permiso nuevo en la pulsera: acceso al piso seis, ala B. O mejor dicho: Proyecto Umbra.
Me asomo un rato antes de sentarme a trabajar. La puerta hace bip con mi pulsera y entro.
Alma está frente a la pizarra, marcando cosas debajo del título. Lleva el pelo recogido, ojeras dignas de guerra y una expresión que no le veía hace días: concentración, no solo aguante.
—Así que este es tu reino —digo, apoyándome en el marco.
—Es un galpón con pretensiones —responde—. Pero sirve.
En la pizarra hay listas: precariedad laboral, salud mental, tiempo oculto. Nada de “impacto glamuroso” ni “prioridades estratégicas”. Es tan Alma que dan ganas de sacarle una foto.
—¿Qué tal la reunión “neutral”? —pregunto.
Hace una mueca.
—Neutral