POV: Alex
En el momento en que la doctora dice “celo”, el aire cambia.
No es solo la palabra. Es el cuerpo de Alma respondiendo a ella. Sus pupilas se dilatan, su respiración se hace más corta. El olor sube otro nivel, más denso, más urgente. Mi lobo empuja debajo de la piel como si alguien le hubiera tirado de la cadena.
Herrera sigue hablando, profesional.
—No es el pico todavía —explica—, pero ya es el inicio. Vamos a ayudarte a pasar esto sin que tu cuerpo se descompense.
Deja una caja pequeña sobre la mesa de noche.
—Estas cápsulas bajan un poco la intensidad —dice—. No la apagan. No es bueno apagarlo a cero. El cuerpo después lo cobra por otro lado.
Alma asiente, pero se la ve lejos. Como si estuviera escuchando desde dentro de una pecera.
—¿Cuánto va a durar? —pregunta, la voz más baja.
—Días —responde Herrera—. El peor tramo, horas. Hoy quiero que solo pienses en llegar a mañana.
Le toma la muñeca. Pulso rápido. Curso normal.
La doctora se vuelve hacia mí.
—Necesito que alguien