POV: Alex
El video llega a mi pantalla a media tarde.
Sebastián lo envía con una línea: “Ascensor, piso 31. Él. Con ella.”
Abro el archivo.
Alma entra al ascensor con una carpeta. Damian detiene las puertas y se cuela detrás de ella. El espacio es chico.
Reproduzco.
Él se coloca a su lado. Aunque el volumen está en silencio, reconozco el gesto: sonrisa suave, cabeza inclinada. Es la máscara que usa cuando quiere gustar.
Alma responde poco. Mira al frente, pero los hombros se tensan, la mano aprieta la carpeta. En un momento, Damian se inclina un poco hacia ella. No la toca.
Mi mandíbula se endurece.
El ascensor se detiene en el piso de la fundación. Él le dice algo más antes de salir. Cuando las puertas se cierran, Alma apoya la espalda en la pared y cierra los ojos un instante, como si acabara de aguantar la respiración.
Detengo el video.
—¿Cuánto duró? —pregunto.
Sebastián se apoya en el marco.
—Cuarenta segundos —responde—. Suficientes para él.
Cierro la ventana.
—¿Audio? —pregunto.