POV: Alma
El piso treinta y uno se vacía más rápido que otros días.
Mila pasa por mi cubículo con la mochila puesta.
—Voy saliendo —dice—. ¿Te quedas?
El correo de Alex con el “mañana temprano” sigue en mi bandeja.
—Un rato más —respondo—. Quiero dejar listo el resumen de Sonata.
—No te enamores de la torre —comenta—. Si te mareas, me escribes.
—Trato —digo.
Se va. El piso queda en silencio.
Ordenar datos es más fácil que pensar en omega, protección o Kalper.
Al rato, el cuerpo pesa. Un calor espeso sube del pecho al cuello. Me saco el blazer, me ato el pelo, tomo agua. Nada baja la temperatura.
El aire se vuelve denso, pegado a la piel. Como si algo dentro de mí empujara.
Suspiro, guardo el archivo y me levanto para ir por café. Avanzo dos pasos y el mundo se achica.
La vista se llena de puntos. El corazón se acelera. Los olores se disparan: papel, plástico, mi propio jabón.
Apoyo la mano en el borde del cubículo.
—Respira —murmuro.
Respiro, pero el calor baja al estómago y se instala