El pasillo de la clínica no terminaba; se replegaba sobre sí mismo en una geometría diseñada para anular el sentido de la orientación. Clara avanzaba pegada a la pared, con la planta de los pies descalzos sintiendo la vibración sorda de los sistemas de soporte vital que corrían bajo el suelo. La iluminación cenital, compuesta por paneles LED que simulaban la temperatura de color de un mediodía perpetuo, le provocaba una punzada de dolor detrás de los ojos.
No había señales de salida, ni mapas d