El despertar no tuvo color. No hubo el resplandor naranja de la explosión ni el rojo de las luces de emergencia del búnker. Clara abrió los ojos y fue recibida por una blancura absoluta, una luz de espectro completo que no dejaba lugar a las sombras. El techo era una superficie lisa, sin juntas, sin molduras de hiedra, sin cámaras visibles. Era el vacío hecho arquitectura.
Intentó mover las manos, pero una resistencia suave se lo impidió. Estaba acostada en una cama articulada, con correas de v