El búnker de Valerius Neuro-Systems no era una habitación; era un pulmón de acero. Tras el cortocircuito provocado por Clara, las luces blancas de quirófano habían sido sustituidas por una luminiscencia roja de emergencia que bañaba las paredes de hormigón con el color de la sangre arterial. El siseo de los extractores de aire se detuvo de golpe, dejando un silencio tan denso que Clara podía oír el roce de su propio cabello contra sus hombros y el latido desbocado de su corazón, un tambor que m