El viento de la costa norte golpeaba el parabrisas del viejo sedán de Clara con una insistencia que rayaba en lo personal. Ella apretó el volante, sintiendo la textura del cuero gastado bajo sus dedos. En el asiento del copiloto, el sobre de manila con el sello de cera de Valerius & Co. pesaba más que cualquier encargo que hubiera recibido en su carrera.
Había pasado cinco años diseñando bibliotecas municipales y centros comunitarios en los barrios grises de Londres, luchando por cada centímetr