Pareja. 2
El cuervo, por supuesto, supervisaba todo desde el respaldo de una silla, emitiendo ruiditos de aprobación cada vez que Aileen cerraba una puerta con un golpe seco, cuando terminaron, Leo se dejó caer en el sofá con un suspiro profundo.
— Cinco minutos... — murmuró, llevándose una mano al rostro — Solo cinco minutos de descanso antes de pensar en la cena. — Aileen sonrió desde la cocina, se quitó las botas y se recogió el cabello en una coleta alta.
— Tómate diez si quieres, yo me encargo. — co