Disfraces. 2
Entre los árboles, a la sombra de los troncos, una llama anaranjada flotaba suavemente, no parecía un fuego común; era una luz quieta, compacta, y a la vez danzante, como si respirara. Aileen se quedó mirándola, sintiendo cómo su pulso se aceleraba, por un momento pensó que podría tratarse de un reflejo, o de una linterna, pero algo en su interior le decía que no.
El semáforo cambió a verde con un pitido seco. El cuervo graznó fuerte, rompiendo el silencio, Aileen dio un respingo, apretó el vol