Paul
—¿Quién te ha dicho que no lo pienso terminar? —sonríe la muy descarada mientras baja por mi cuello, mi pecho y se detiene en mis pectorales.
¿Qué hace? Oh no, me inmoviliza suave con sus manos en mis brazos contra el colchón, me lame y muerde mis pequeños pezones. Lejos de darme grima o algo por el estilo, un escalofrío me recorre todo el cuerpo y estoy seguro de que Marina ha debido notarlo porque se me han puesto los vellos de punta y no he podido evitar jadear de puro placer. No lo p