Marina
—Ejem,— una leve tos se escuchó y necesitó volver a repetirlo varias veces porque nosotros no escuchábamos nada.
Paul giró la cabeza hacia la voz que nos había interrumpido, yo no podía porque estaba roja como un tomate.
—Disculpe que los interrumpa, venía a ayudar a la señorita aponerse el otro vestido— menos mal era la tímida voz de Clara.
Sin decir más me bajé del regazo de Paul y acomodé mis pechos por dentro del vestido. Habíamos estado a punto de pasar otra vez los límites de lo q