Mundo ficciónIniciar sesiónGiuseppe es un joven militante socialista italiano. Llegó a la Argentina huyendo del régimen de Mussolini, que había asesinado a sus dos hermanos. Instalado en Tandil, empezó a trabajar en las canteras como picapedrero, con el sueño de poder hacerse pronto una casita y traer a su madre desde Italia. Máximo es un ambicioso y joven militar de familia aristocrática. Su sueño es hacer carrera política en la convulsionada Argentina de los años cuarenta. Con este objetivo, decide seguir a la estrella política del momento, y hombre fuerte del régimen del GOU: el carismático coronel Juan Perón. Estos dos hombres seguramente se habrían ignorado mutuamente si el destino no hubiese querido que posasen sus ojos en la misma mujer: Matilde, una modesta muchacha hija de inmigrantes españoles que sirve como mucama en la casa de una familia amiga de los padres de Máximo. Matilde, por su parte, arrastra sus propia historia: su madre, Irma, abandonó a su padre para iniciar una relación con otro hombre. El pueblo entero ahora la humilla y la menosprecia. Matilde debe contener a su padre, blanco de las burlas y el desprecio de la comunidad, y a su hermana menor, Catita, de carácter brusco y explosivo, pocas aptitudes para el trabajo doméstico y marcada afición por las actividades varoniles. ¿A quién elegirá Matilde? ¿Cómo sobrevivirá una mujer como Catita en la pacata sociedad argentina de los años cuarenta? ¿Logrará Irma que sus hijas la comprendan? Y sobre todo...¿Cómo impactarán en la vida cotidiana de todos estos hombres y mujeres los impresionantes cambios producidos en la sociedad y el esquema político argentinos después de 1945? Estas y otras respuestas se encuentran en la trama de "La balada de la piedra que latía". Una historia de amor entre las sierras de Tandil en los albores del peronismo.
Leer más— Vamos Jesse — escalé el árbol y extendí mi mano — ven aquí, la vista es impresionante, si yo pude subir claro que tú puedes.
Le ayudé a Jesse a subir y ambos quedamos en la misma rama, él estaba jadeando demasiado y se veía cansado.
— No sé cómo puedes hacer esto, Alexa; tienes una agilidad que nadie posee, te tengo un poco de envidia.
Le dí un beso a Jesse y él se sonrojó por completo, él sacó una caja de terciopelo negro y me la extendió.
— Toma, te quiero obsequiar esto — él tomó mis manos y puso la caja — espero que te guste, es una prenda única ya que yo mismo hice el diseño y lo encargué a la joyería de los Harrison.
— Es hermosa — miré el collar — muchas gracias Jesse, el color del diamante es mi favorito, morado; yo no tengo nada para ti.
— Esto lo estoy haciendo para despedirme y también para prometer algo — él se sonrojó y tomó mis manos — esta es mi promesa, cuando sea grande me voy a casar contigo, no quiero a nadie más que no seas tú, ¿Me vas a esperar?
— Te voy a esperar el tiempo que sea necesario — confesé con un rubor en mis mejillas — me duele irme de tu lado pero como mis papitos se fueron al cielo y mi tía vive en otro sitio es que no puedo quedarme, te quiero mucho Jesse.
— Cuando me extrañes mira este collar — él se lo puso y quedaba un poco grande — de esta forma me vas a sentir cerca, no te lo quites nunca.
Yo sonreí y le di un beso de pico, ambos estábamos sonrojados pero felices. Mi tía finalmente llegó donde estábamos y me pidió que bajará, ya sabía lo que esto significaba.
— Ya es hora de irnos cariño, el avión nos va a dejar si no nos damos prisa y créeme que será todo más difícil si te quedas más tiempo aquí.
Bajé del árbol y tomé de la mano a mi tía, nosotras salimos de la mansión y el señor Lennox que era el padre de Jesse se despidió de nosotros, subimos al carro y mis lágrimas comenzaron a descender por mis mejillas redondas.
— Ya deja de llorar, podrás hablar con Jesse Lennox por teléfono y todas las formas que desees — mi tía me consoló — lamentablemente mi vida se encuentra en otro sitio y no aquí, lo siento mucho cariño.
El carro arrancó y Jesse comenzó a correr detrás, me decía adiós y se detuvo hasta que sus pies no pudieron continuar.
Años después
Esa llamada hizo que mi mano temblara, veía la amplia ciudad mientras al otro lado de la línea había alguien que me decía muchas cosas que no entendía, información supongo.
— ¿Me está escuchando, señorita Harper? — el hombre al otro lado de la línea me trajo a la realidad — lamento mucho lo sucedido pero usted se encuentra en la quiebra, la empresa era fantasma y desapareció con todo su caudal hereditario.
— ¡Pero cómo esto es posible! Se supone que ustedes investigaron a profundidad y me dijeron que todo estaba en orden, fue por eso que decidí invertir con esas personas porque todo me parecía demasiado bueno.
— Quizás debió pensar un poco mejor al momento de invertir todo su capital, es cierto que nosotros le dijimos que todo estaba en orden pero nunca le dijimos que metiera toda su fortuna en ello y si hizo tal cosa debe de asumir la responsabilidad de sus actos y no culparnos.
— Puede ser que ese fuera mi error pero de igual forma lo hice porque ustedes me dijeron que era seguro, créanme que esto no se va a quedar así porque pienso demandarlos.
— Si quiere entrar en una demanda no la pienso detener, pero yo que usted pensaba todo el tiempo y el dinero que va a invertir en pagar abogados — pude sentir la sonrisa de victoria que tenía — le propongo una cosa, pensamos darle una cantidad como compensación por nuestro error y así dejamos las cosas en paz, nadie sale perdiendo nada.
— ¿De qué cantidad estamos hablando? — pregunté sabiendo que él tenía razón y me dió la suma — ¿Es una jodida broma? ¡Eso no es ni la cuarta parte de la cuarta parte de lo que perdí!
— Es eso o irnos a juicio, bien sabe que no es conveniente hacer esto y menos cuando se tiene una situación tan precaria como la suya.
Al final terminé accediendo a que me dieran esa cantidad de dinero que consideraba ridícula, recibí la visita del tipo con el que hablé por teléfono y firmé un documento en el que me comprometía a no levantar ninguna demanda en su contra debido a la compensación que me estaban dando.
— Son unos descarados, pero créame que todo esto lo van a pagar tarde o temprano y no será por mi mano porque ya me ataron por completo.
Una sonrisa burlona salió del sujeto y esa fue la única respuesta que obtuve por su parte; miré el cheque que me habían dejado y era consciente que eso no me alcanzaría para mucho, solamente podría pagar un mes en la escuela de gastronomía. Me puse a pensar en posibles soluciones y llegué a la conclusión de que iría donde el señor Lennox, sin más demora manejé hasta su casa y por suerte lo encontré.
— Alexa — él me miró sorprendido — pero muchacha, ¿Qué haces aquí? Por favor pasa y no te quedes ahí.
— Hola señor Lennox, disculpe la irrupción tan repentina en su casa pero me gustaría hablar con usted un momento, prometo no demorar mucho tiempo ya que soy consciente que es un hombre ocupado.
Nosotros entramos a su casa y ahí le conté de mi situación, solicité una beca completa para la escuela de gastronomía que él administraba, esa era la única forma de no dejar mis estudios a la mitad del camino.
— Claro que te otorgaré la beca, bien sabes que formas parte de esta familia y te tengo un gran aprecio. Me gustaría mucho que Jesse estuviera aquí, viendo como triunfas en la carrera que los unió.
— Bien sabe que tuve que separarme de él, cuando mis padres murieron no tuve más opción que irme de aquí para vivir con mi tía que en paz descanse. Por suerte pude regresar y bueno aquí me tiene.
— Es una lastima que Jesse se tuviera que ir a estudiar a Francia justo cuando tú regresaste, veo que sigues teniendo ese collar — él señaló la prenda y la acaricié con afecto — no tienes idea la felicidad con la que mi hijo hacía ese dibujo, fuiste de mucha ayuda cuando su madre nos abandonó y te convertiste en el rayo de sol de aquel niño que pensaba que su mamá se había ido por su culpa.
— Jesse también fue de mucha ayuda cuando mis padres murieron, aún recuerdo cuando me colocó una curita en el corazón para que ya no me doliera. Él fue mi primer amor y supongo que todo mundo lo sabe y es consciente de eso.
— Si, tú también fuiste su primer amor y creo que hasta el momento lo sigues siendo; nunca le conocí una novia y no es por nada pero mi hijo es muy apuesto, puedes verlo en las fotos que hay en la casa.
Jesse Lennox, definitivamente había cambiado mucho y de igual forma yo; a pesar de esto seguía teniendo exactamente ese brillo en los ojos que me enamoré cuando solamente tenía cinco años, a pesar que en el transcurso de mi vida conocí chicos muy apuestos e incluso hombres interesados en mí, jamás pude sentir por ellos lo que llegué a sentir por el hijo único de esta familia de dos.
— Me dijo cuando me fui que este collar iba a ser la promesa de que nos íbamos a casar, bien sabe que solamente éramos unos niños que creían que la pobreza se iba a eliminar si imprimían más billetes…
El Teniente General Lonardi llevaba un mes como Presidente de la República cuando Matilde salió de la cárcel. Del brazo de Ida. Al principio, criada y patrona; después, adversarias políticas; después, compañeras de encierro. Ahora, simplemente amigas.Se despidieron con un afectuoso abrazo de Delia. Quedaron en encontrarse afuera, cuando la anciana enfermera terminara de cumplir su condena. Saludaron con la mano al resto de las presas comunes. Al transponer el portón de la cárcel, vieron a sus familiares esperándolas. El profesor Sandrelli y Antonieta, del lado de Ida. Benigno, Catita e Irma, del lado de Matilde.De todas maneras, los abrazos y las lágrimas de alegría fueron mutuos y unieron a ambas familias. Todo rencor había quedado sepultado. Todos habían vivido momentos tan duros y sufrido tantas pérdidas, que después de tantas lágrimas no &n
-Mamá, yo quiero ver los aviones.-Ya los vas a ver, hijo. En un ratitoLa señora Virginia Etchegaray se sentó, fatigada, en un banco de la Plaza de Mayo. Apoyó la bolsa de las compras a su lado y sacó un paquete de galletitas para darle una a su hijo Luis, de cinco años. Había tenido que salir a hacer unas compras al centro, pero como la vecina que habitualmente le cuidaba al niño en esas situaciones se había enfermado, había tenido que llevarlo con ella. Para consolarlo del fastidio por abandonar su habitación y sus juguetes para pasar horas recorriendo tiendas repletas de artículos que no le interesaban y escuchando conversaciones que lo aburrían, la joven madre le había prometido llevarlo a ver el espectáculo de aviación que estaba anunciado para esa mañana en Plaza de Mayo. “Vas a ver que lindo, los aviones van a
Los días transcurrían todos iguales y los años no parecían pasar más.Melancólica, Matilde a veces se acercaba a la ventana enrejada que daba a la calle mendigando luz. Por esa ventana le llegaban a veces lejanos ecos de la libertad.Hacía tres años que estaba recluida en la cárcel del Buen Pastor, en Córdoba. En su sadismo, Máximo se había asegurado de que le tocara un lugar de reclusión bien lejano para que no pudiera recibir visitas frecuentes de su familia. Sólo su madre acudía a verla dos veces por año. Le decía que ella y Hugo estaban haciendo todo lo posible por lograr su libertad. Trataba de infundirle coraje “Máximo tiene poder, pero no es el único ni el más poderoso. Ayer Hugo habló con XXX (insertaba el nombre de algún líder político, militar o sindical destacado) y prometió ocupa
Ladislao Alcázar escribía tranquilamente en su escritorio, cuando la secretaria le anunció que un señor deseaba verlo. Sin darle demasiada importancia, le indicó que lo hiciera pasar.Cuando levantó la vista, fue grande su sorpresa al encontrarse con un rostro bello y viril, todavía joven. que conocía bien.-Dámaso…qué hacés acá.- Te dije que no te iba a olvidar…Ladislao se levantó del escritorio y ambos hombres se abrazaron torpe, pero ansiosamente. Trasponiendo los límites de la prudencia, Ladislao lo besó varias veces en la boca, aunque mirando a la puerta con ojos abiertos y vigilantes. Después lo separó de sí y lo observó…los años y la separación de la vida claustral le habían sentado bien. Se lo veía muy guapo vestido con un traje color crema y se había dejado u
Último capítulo