El restaurante privado que Isabella había elegido para la reunión era tan exclusivo que incluso las sombras parecían caras. Todo estaba decorado en tonos dorados y crema, con una iluminación suave que brindaba un aire de intimidad calculada.
Débora entró con la seguridad de alguien que sabe que pertenece a un lugar como ese. Su vestido con colores burdeos se aferraba a su cuerpo en los lugares exactos, y sus tacones resonaban con confianza sobre la cerámica negra. Se detuvo frente a la mesa dond