Ella se estaba cepillando el pelo, y solo entonces caí en la cuenta de que eran las seis de la tarde de un viernes y ella acababa de levantarse. Como no se defendía, seguí hablando.
—No tengo nada contra la bebida —añadí, procurando mantener una conversación relativamente serena—. De veras, no estoy contra la bebida, pero quizá últimamente te estés excediendo un poco. ¿Va todo bien en la universidad?
Abrió la boca para decir algo; pero en ese momento Axel asomó la cabeza y me pasó el móvil.
—Es