—Contrátala —ordenó Markus tras conocer a Anna, la decimosegunda chica a la que entrevisté y la única que me había parecido adecuado presentarle.
Anna era francesa (de hecho hablaba tan poco inglés que necesité a Samantha para que hiciera de t traductora), estaba licenciada por la universitaria de Sorbona y poseía un cuerpo alto y firme y una preciosa cabellera morena. Tenía clase. No temía llevar tacones de aguja en el trabajo y no parecía importarle el trato brusco de Markus.
En realidad,tamb