El feliz día que tanto esperaba, con el que soñaba, había llegado al fin, mi jefe no solo se había ido de la oficina, sino también del país. Hacía menos de una hora que había saltado al asiento de su jet privado, convirtiéndome así en la chica más feliz del planeta.
Eliza intentó convencerme de que él era aún más exigente cuando se hallaba de viaje, pero no le creí. Estaba planeando cómo iba a pasar cada extático instante de las próximas dos semanas cuando recibí un mensaje electrónico de Axel