En cuanto la puerta del apartamento se hubo cerrado, anunciando que mis padres salían al pasillo y de ahí al ascensor en busca de más de mis pertenencias, me abalancé literalmente sobre Axel.
—¡Deprisa, cuéntame qué ocurrió!
—Yess, cálmate, estás chillando y no es para tanto; de hecho es hasta gracioso. —Rió él, entornando los ojo.
— ¡Axel Finnegan más vale que me digas ahora mismo qué le ha pasado a mi mejor amiga o…— mascullé.
—De acuerdo, cálmate. —Era evidente que disfrutaba con la situació